Novedades. Marketing y comunicación

LaVisita TV, comparte conversación con los investigadores Joseba Agirrezkuenaga y Susana Serrano.

Jabier Calle hablara esta semana en La Visita de Telebilbao con los dos prestigiosos investigadores Susana Serrano y Joseba Agirrezkuenaga para hablarnos de Bilbao y los bilbaínas, del último encuentro celebrado en la Biblioteca de Bidebarrieta.
La feminidad de Bilbao, los barrios y sus gentes, Bilbao y los bilbaínos… entretenida charla y conversación la que nos propone este fin de semana Jabier Calle en LaVisita de Telebilbao, el sábado a las 20h y el domingo a las 15h.
www.lavisita.tv
Joseba Agirrezkuenaga

Curso Cómo Hablar en Publico Bien

El proximo sábado 24 de Abril en sesiones de mañana, teoría y tarde practica, Jabier Calle impartirá un curso eficaz de cómo hablar bien en público.
El precio del curso es de 450,00€ incluido el almuerzo. Las inscripciones están abiertas mediante transferencia bancaria al nº 2095 0105 30 9106364394.  Remitiendo elresgardo de pago con los datos de nombre, mail y movil a lavisita@lavisita.com. Las plazas son limitadas por riguroso orden de inscripción.
El curso consta de dos partes una teórica y otra practica. Desarrollándose en horarios de 10,00h a 14,00h por la mañana y de 17,00h a 19,00h por la tarde con una pausa para el almuerzo en Larruzz Bilbao.

Temario
La importancia de la imagen.
La Comunicación No verbal.
La Voz, El ritmo, el tono, el mensaje.
El contacto visual.
El lenguaje a utilizar. (Lenguaje Masculino, Lenguaje Femenino)
Elementos y aparatos a utilizar. ( Proyector, Transparencias, Video, etc.)
El publico, la audiencia.
El lugar, la hora, la duración.
Como expresarse correctamente.

Una manera lúdica y seria de comunicarnos compresiblemente con los demás, con quienes nos rodean y a quien queremos comunicarles algo.

Ganaras Seguridad y confianza, en tus presentaciones, te sorprenderás de las cosas que eres capaz de expresar.

Dirigido personas con interés en comunicarse compresiblemente a profesionales que necesitan comunicarse con grupos o auditorios. A quienes quieren conseguir un mayor impacto e influencia a través del entrenamiento individualizado en técnicas avanzadas de oratoria y comunicación.

Jabier Calle LaVisitaComunicación

Jabier Calle LaVisitaComunicación

2º Concurso Relatos del 12 al 21 Larruzz LaVisita

NIÑO EN LA CAFETERÍA

La madre es una persona que cuida y protege a los demás, igual que las enfermeras cuidan a los enfermos en los hospitales, los bomberos apagan los fuegos, y el portero de mi casa vigila el edificio y está pendiente de los vecinos.
Por eso, esa mañana en la que mi niñera me lleva a desayunar a la cafetería de la esquina y se pone a hablar con el camarero, yo, después de entretenerme un rato correteando por los pasillos que forman las mesitas de la sala y de pararme con cada persona que me hace caso, me quedo mirando fijamente a una mujer que llama mamá a la señora que tiene al lado. Están hablando muy seriamente y yo me pregunto de qué cosa tan seria puede hablar una madre con su hija. Me lo pregunto porque me gustaría saber como puedo yo hablarle a mi madre para que me pida consejo como hace la madre de esa mujer con ella.
Dice mi padre que siempre hay que hacer caso a las personas mayores pero en este momento es la hija la que aconseja a la madre y ésta la que asiente haciéndola caso. Así que, disimuladamente, me siento con mi botellita llena de leche con colacao en la mesa de detrás y comienzo a escuchar. Distingo bien las voces; la madre debe ser una anciana de unos cuarenta o cincuenta años, y la hija tendrá la edad de mi madre, unos veintinco. La madre le cuenta a la hija que, después de un año casada con su nuevo marido, se ha dado cuenta de que su ex marido, el padre de la hija que la escucha, es el verdadero amor de su vida. Que se arrepiente de haberle abandonado hace diez años, y que quiere ir en su busca. Entonces, se me atraganta el colacao y comienzo a toser. Enseguida ellas se dan la vuelta y me cogen en brazos mientras me doy cuenta de que prefiero que mi madre no me pida consejo nunca. Que me encanta ser un niño de cuatro años y seguir creyendo que las madres son personas que cuidan y protegen a los demás, igual que las enfermeras cuidan a los enfermos en los hospitales, los bomberos apagan los fuegos, y el portero de mi casa vigila el edificio y está pendiente de los vecinos.

Nº 13
TARDE DE DUDAS
¡¡Oye nena, que me bajo al bar!!
Esta es la frase favorita de mi marido, todos los días desde hace un mes, llueva, nieve, con sol, con niebla… siempre lo mismo. A veces pienso que es la única frase que aprendió de pequeño, aunque no me le imagino diciéndole eso a su madre.
Un día, cansada de estar en casa esperando a que el llegase, decidí ir a buscarle, así de paso podría ver en primera persona el “santuario” de mi marido.
Después de mucho mentalizarme salí a la calle y me dirigí hacia el bar, esta a unos 10 pasos de la puerta de mi casa. Al llegar a la puerta me detuve un instante, respire hondo y abrí la puerta… por mas que mire en todas direcciones no encontré a mi marido, pero ya que estaba allí pues aproveche y me tome un café.
Que raro que no estuviese allí, pero igual estaba en el baño, así que comencé a tomarme el café y sin saber como, dentro de mi cabeza no paraba de darle vueltas de a donde se abría metido.
Unos minutos después, el camarero me pregunto que si estaba esperando a alguien ya que no paraba de mirar el reloj, le respondí que había quedado con mi marido en encontrarnos allí, pero que llegaba tarde.
Mi cabeza no me dejaba pensar en otra cosa que no fue mi marido, ¿Dónde estaría? Aproveche la ocasión en una de las veces que el camarero me miraba para preguntarle por el y después de describirle físicamente y la ropa que llevaba puesta el sonrió y me dijo que hoy no había entrado, que solo saludo desde la puerta e hizo un gesto como de tener prisa.
Mis manos comenzaron a temblar de tal manera que derrame parte del café sobre mi pantalón, me puse muy nerviosa, ¿Por qué? ¿Por qué me a engañado? Dios santo ¿y si me esta siendo infiel? No lo entiendo, si nunca hemos tenido ningún problema, jamás hemos discutido, ni una mala mirada, nada, absolutamente nada…
Comenzaron a asaltarme las dudas, quizás tenia que hacer algo importante y por eso no estaba en el bar, si debe ser eso, no creo que durante todo el tiempo que me lleva diciendo que viene aquí en realidad me estuviese mintiendo, no, no puede ser, pero me llenan sentimientos de tristeza y de duda.
El camarero, al verme tan nerviosa me sirvió una tila y me dijo que no me preocupase, que seguramente no tardaría en llegar.
Llevaba mas de una hora y media en el bar, totalmente desilusionada, jamás pensé que me encontraría en una situación así, dudando de mi esposo, el hombre con el que e vivido todos estos años, al que tanto e amado…
Respire despacio, muy despacio, hasta estar mas o menos relajada, pedí la cuenta, pero el camarero no me hacia caso, estaba ocupado hablando por el teléfono móvil. Unos minutos después, por fin colgó el teléfono y vino a atenderme, volví a pedir la cuenta, pero no quería cobrarme, en ese instante no entendía porque, de todas formas tampoco tenia ganas de pensar en la razón de porque me invitaba, ya tenia yo bastante con lo que tenia.
Me levante del banco en el que estaba sentada, me gire a hacia la puerta y… hay estaba el, mi marido, mirándome con cara de pasmado, seguro que se sentía culpable por haberme engañado, pero me daba lo mismo, me había decepcionado muchísimo.
Entro en el bar, hizo un saludo general y me pregunto que estaba haciendo allí, encima lo que me falta, darle explicaciones. Levante la mano haciendo gestos para comenzar a echarle la bronca, me daba igual que todo el mundo se enterase, me había engañado.
El, sin inmutarse, miro al camarero y le hizo un gesto de afirmación y de repente comenzó a sonar la música del cumpleaños feliz, mi marido me sonrió.
¡Feliz cumpleaños mi vida! Tomo mi mano, la acaricio suavemente y deposito en ella una cajita azul con un lazo.
No puede ser, yo misma había olvidado el día de mi cumpleaños.
Entonces se abrieron unas grandes puertas que separaban la zona del bar en dos, desde mi posición puede ver una tarta enorme, muchas flores, regalos e incluso un hombre con un violín.
Disculpa mi comportamiento durante este ultimo mes, pero quería prepararte el cumpleaños perfecto y no sabia como hacerlo para que no te dieses cuenta.
Que error más tonto al pensar que me había traicionado, todo era un montaje entre mi marido y el camarero para montarme una fiesta.
Desde ese día jamás volví a dudar de el y le agradezco de todo corazón haberme enseñado que una pequeña nube no puede estropear un gran día.

Nº 14
Salsa

Provengo de un país lejano y como cocinera domino la salsa. Hace algunos años tuve un pequeño restaurante y mi gran competidora era Nicanora, mujer apasionada y excelente bailarina de merengue. El pueblo era muy pequeño y nuestros clientes principalmente fueron los extranjeros. Por ello decidí crear una sabrosa salsa que acompañara a los guisos, que era de secreta receta, con dos ingredientes nunca declarados. Podía ser algo así: Se pone…en un cazo a fuego lento; cuando esté caliente se le agrega un poco de… y…; se deja en el fuego sin parar de remover; añadir… y seguir removiendo; para finalizar le riego con un chorrito de… y lo espolvoreo con… El resultado era espectacular. Casi todo el mundo sonreía y se encontraba alegre, sin necesidad de beber nada con alcohol. Nos pedían les dijésemos en que consistía la salsa y nuestra respuesta siempre era la misma: Las manos y el cariño de la cocinera. Me miraban entonces de modos diferentes y yo siempre les regalaba una sonrisa. En su mayoría volvían para saborear nuestros platos y, al parecer, se mostraban felices. Todo hay que decirlo, el secreto fue nuestra salsa. Un inesperado día, en la noche, se produjo un gran incendio en el local y nuestro futuro quedo hecho cenizas. No tenía dinero, ni ganas, para empezar una nueva aventura allí y también considere que el jefe de la policía resultaba ser el novio de Nicanora y su primo el alcalde. Recordé que mi establecimiento no tenia la licencia oportuna y que mis recursos eran limitados. Por eso viaje hasta aquí, en donde deseaba trabajar como cocinera hasta que pudiera tener mi propio negocio y condimentar con mi salsa especial. Tuve suerte y en semanas logre me contratasen como cocinera en un restaurante de variopintos clientes. Tal vez sea un poco peculiar, cocino bailando y canto frecuentemente ”bacalao colorao” al mismo tiempo. He tenido dos ayudantes de cocina, uno se hacia llamar Orlando y decía ser norteamericano, aunque vivió en Miami; pudo provenir de Cuba ó, incluso, haberse escapado de Guantánamo. Su color de piel era negro tizón, siempre se mostraba alegre y poseía un excelente sentido del ritmo. El segundo también provenía del mismo país y he pensado era agente del FBI y que le controlaba a Orlando, su nombre es Reinaldo y su piel blanca como la porcelana, sin mucho sentido del ritmo y serio de carácter, pero disciplinado para alcanzar el fin que se propusiera. Ambos comentaban que eran estudiantes de la universidad de aquí, en donde se preparaban para obtener un master en derecho, de reconocido prestigio internacional. Pues bien, fueron mis alumnos del baile de salsa hora y media de cada semana durante casi un año, en el mismo restaurante, antes de comenzar nuestro trabajo. Empezamos lentamente al ritmo sensual del cha-cha-cha y mambo, marcando cadera en la salsa, para movernos con los cuerpos juntos y los brazos estilo tropical, adelante, atrás y uno alrededor del otro manteniendo una posición equilibrada y mejorando progresivamente con esfuerzo y disciplina. Llegando a un buen nivel de adiestramiento en la salsa, me propusieron ambos presentarnos a un concurso de esta modalidad de baile, pero al tener que dejar a uno de ellos fuera rechace su petición. Entonces ellos decidieron participar como pareja y obtuvieron el primer premio. El tiempo fue pasando sin acontecimientos a destacar y poco antes de acabar sus master me propusieron, cada uno a su estilo, compartir la vida y montar un restaurante como negocio. Aunque pudieran estar coladitos por mi, yo no lo estaba por ellos hasta ese punto y les respondí que no era el momento. Antes de dejar su trabajo en el restaurante me pidieron que, a modo de despedida, les preparase una comida que les hiciese felices y que recordarían toda su vida, explicándoles al detalle la elaboración de la misma. Condimente tres platos y de postre les ofrecí un estupendo soufflé, haciéndoles saber que carecía de algunos ingredientes para preparar mis verdaderas especialidades. Insistieron en conocer las recetas deseadas, pero amparándome en el secreto de cocinera me negué a facilitárselas. Acordamos los tres en volvernos a encontrar en un futuro en algún lugar del mundo. Mantuvimos una fluida correspondencia, que en su caso siempre provenía de Washington, de dos apartados postales diferentes, hasta que un día pude verles claramente a los dos juntos en la fotografía de portada de un periódico, con armas pesadas en la mano, en actitud de ataque, durante la revuelta de un país africano. Entonces creí verlo claro, eran dos agentes de acción especial que pretendieron conocer los secretos de mi salsa de modo no agresivo, con el fin de explotarlo económicamente. Para evitar posibles problemas me he sometido a varias operaciones de cirugía estética y he cambiado de nombre, domicilio, aspecto y profesión. Hay quienes pueden estar dispuestos a todo por conseguir lo que quiere el que se lo ordene y no estoy en disposición de que lo puedan lograr.

Nº 15
Dilema
La música era imperceptible para los dos enamorados. La cena del reencuentro se celebraba en un sencillo restaurante, en que se despidieron tres meses antes. Carlos y Lupe estaban ensimismados el uno en el otro. Lo demás no era del mundo.
C.- …y entonces pensé en tí.
L.- Yo te he añorado cada momento.
C.- Si tanto nos queremos, ¿porqué no nos vamos a vivir juntos?
L.- Aunque lo deseo, es imposible. Tú trabajas destinado en Bulgaria y yo en Bélgica.
C.- Ven conmigo a Bulgaria y el inconveniente queda resuelto.
L.- Bien sabes que he estado formándome muchos años y procede me doctore para poder tener un futuro laboral satisfactorio, sin necesidad de depender de ti.
C.- Eso no te tiene que preocupar ya que…
Así siguieron toda la noche, cada uno con su razonamiento. No aceptaron la argumentación del otro. Dos meses después volvieron a celebrar otra cena en el mismo lugar.
L.- …he estado reflexionando sobre tu planteamiento de la anterior ocasión aquí.
C.- Y…
L.- Lo importante puede ser aprovechar la oportunidad y vivir la vida en común, ya que las situaciones aparecen y hay que ser inteligentes y no dejarlas pasar.
C.- Entonces vienes conmigo a la ciudad de Plovdiv.
L.- No, no, no. Yo había pensado estar ambos en Brujas. Es mejor, por muchas razones,… Continuaron queriendo justificar sus argumentos, que no lograron cambiar de opinión para tomar una decisión comprometida. Tres meses más tarde volvieron a citarse para cenar en el mismo restaurante, como siempre lo hacían cuando regresaban a rendir cuentas en sus respectivas oficinas de empresa.
C.- …deseando encontrar una solución a tu propuesta solicité una reunión con mi jefe en destino, en la que le planteé la excedencia por seis meses. Inicialmente me respondió negativamente, pero me dijo podíamos seguir hablando del tema para enfocarlo mejor. En resumen, fuimos tratando el asunto y progresivamente intimamos hasta llegar a ilusionarnos y decidir si nos íbamos o no a convivir juntos. Lo siento, pero la distancia nos lleva por caminos distintos a los planteados inicialmente.
L.- Algo parecido me ha sucedido a mí. Un compañero en la universidad me ha ido convenciendo de que la falta de contacto contigo puede propiciar otras oportunidades y me ha hecho pensar en la realidad… Se despidieron pero con el planteamiento de intentar llevar la situación hacía el camino de la sensatez, de modo pragmático. El hecho fue que Carlos convivió como pareja tres meses con su jefe Anne y Lupe se dejó arrastrar por el verbo fluido del tutor, llamado Ángelo, para poder compartir su apartamento las 24 horas de cada día. Ambos se apercibieron tarde de que su decisión fue precipitada, un error y que las ilusiones no se correspondía con la realidad que les tocaba vivir diariamente. Se sintieron frustrados, pero la decisión adoptada les convirtió en rehenes de sus nuevas parejas. Habían decidido mal y ahora sufrían las consecuencias. ¿Qué podían hacer? Cerca de medio año más tarde, habiendo roto todo vínculo de quien esperara ser el amor para siempre y no sabiendo enfocarlo bien para intentar encontrar los momentos de felicidad apetecidos, de modo inesperado se encontraron en un bar y hablaron. Ambos no continuaban con sus parejas, habían regresado a sus puestos de trabajo anteriores aquí, tenían una mala experiencia y una gran decepción por lo que podía haber sido si hubiesen apostado por seguir la senda de la ilusión cuando estuvieron enamorados. Ahora era otra la situación y no querían perder el resto de sus vidas. Convinieron cenar juntos el último viernes de cada mes en el restaurante habitual, como amigos. Al cuarto encuentro acordaron vivir juntos. Parece que les va bien. Ojala la experiencia les haga saborear mejor los momentos de felicidad que les toque tener en pareja y transigir en las situaciones adversas. El tiempo nos lo mostrara si han acertado en su decisión.

Nº 16
Gerardo
La comisaría de policía de una capital de provincia tiene un sagaz comisario llamado Gerardo. Posee buena vena artística y le agrada visitar exposiciones, siempre y cuando las considere relevantes en su desapasionado análisis. Esa pudo ser tal vez la motivación de visitar el Guggenheim de Bilbao, sin hacérselo saber a sus colegas de la villa. Le satisfizo la exposición temporal, aunque sin llegar al nivel que esperaba. Dada la hora en que salio del museo, tomó la determinación de pasear por los alrededores y cenar tranquilo en un restaurante acogedor. Preguntó como un turista, lo valoro y se dirigió al que considero de mayor interés. Solicitó un lugar tranquilo y le ofrecieron una mesa preparada para dos comensales, a la que acababan de anular su reserva. Le dejaron el pequeño jarrón que albergaba dos capullos de rosas rojas, enviadas previamente por quien había pedido esa mesa en concreto. Gerardo eligió un menú de dos platos, especialidad del restaurante, y un delicioso postre, que fue saboreando sin prisa hasta acompañarlo de un té de Birmania. Cuando se hallaba anotando un dato en su agenda, se apercibió que de pie, al otro lado de la mesa, estaba una mujer atractiva, de pelo moreno, con un porte discreto y elegante. Le miró con mucha atención y escucho:
- Le pido me permita tomar la tarjeta adosada al jarrón, pues era para mí. La cena no ha podido ser, dado que Miguel ha tenido un imprevisto que le ha motivado cancelarla. ¿Puedo?
G.-No hay inconveniente. Le agradeceré tome una de las flores y la otra me la pondré en el ojal, tal como se hacía en otro tiempo para celebrar algo bueno. Si me lo permite, yo tomaré otro té y usted lo que quiera, está invitada. Pidió un daiquiri y se sentó tranquila. Gerardo pregunto:
- ¿Ha podido apreciar la buena exposición que hay en el museo de Bellas Artes?, ¿puede decirme algo al respecto?, ¿hay alguna otra cosa interesante para ver?,…
Ella le dijo:
- Me llamó Marta y mi verdadera afición es la fotografía. Este local es uno de los que tiene este tipo de exposiciones. Ahora hay una realmente valiosa por la calidad del fotógrafo y el tema elegido. Puedo darle mi opinión y la de los críticos. A sus preguntas no le respondo, ya que no he tenido la oportunidad de asistir.
G.- Si me lo permite, voy un momento a lavarme las manos algo pegajosas por el postre. Ahora vuelvo y hablamos. Aprovechó para hacer dos llamadas por el móvil y regresó:
G.- Disculpe por la tardanza. ¿Puedo preguntarle cual es su profesión?
M.- Inversionista y, por cierto, con éxito. Busco, encuentro y decido si arriesgo el dinero ó no.

En ese momento, repentinamente entraron al mismo tiempo ocho personas en el comedor, mostrando placas de policía a tres hombres sentados a una mesa, situada cerca de la gran ventana, y a una pareja de otra, distante tres mesas y con vistas a la calle . Ninguno opuso resistencia al cerrarles las esposas ya que, además, vieron varios coches en el exterior con sirenas y luces azules.
G.- María, aunque digas llamarte Marta, un vehiculo nos esta esperando para que hagas la oportuna declaración. Lo sabemos todo y es mejor que confieses esta última operación, sin omisiones.

La invitación a María para cenar fue hecha por un topo y la tarjeta que acompañaba a las flores decía solo: Espero lo comprendas. Gerardo había seguido la pista de la operación de la droga desde dos años antes. Conoció cuando y donde se elaboraba el producto, cual era la mercancía real del embarque, el puerto de salida, nombre del barco, ruta y lugar previsto de entrega; zarpó el barco y se desarrolló todo tal como se esperaba; se permitió el despacho fraudulento de aduana y se montó el operativo para no levantar sospechas a los tres vendedores y a quienes deseaban comprar, evitando cualquier filtración ó recelo que entorpecería la captura de María y el resto de la organización. La red quedó desarticulada por cómo se desarrolló la acción. Gerardo demostró ser un buen profesional y un magnifico actor. Fue condecorado por ello.

Nº 17
Menu-do día
De primero: jeta a la plancha, de segundo: sin vergüenza al horno y de postre: miseria caramelizada.
- ¿Quién ha escrito esto?
La muy cabrona todavía tiene ganas de más, es increíble, su descafeinada dignidad me dan ganas de … He estado dejándome el pellejo aquí currando como una perra 14 horas diarias y ella no ha tenido que preocuparse de absolutamente nada porque yo soy responsable por mi misma no solo de llegar a la hora y organizar esta minúscula cocina para que rinda al ciento cincuenta por ciento sino de cocinar bien y rico , de presentar la comida de una forma creativa, hermosa , limpio los bordes de los platos y los aderezo con plantas que recojo cada día camino del trabajo, educo a los camareros para que sean menos torpes pero esta simple no ve nada de eso. Esta paleta que no es capaz de distinguir un solomillo de un entrecote es jefa de este privilegiado lugar que con su hortera gestión está a punto de pasar a engrosar la inacabable lista de garitos de tapas que solo gracias al Mediterráneo aún sirven productos medio comestibles…sin imaginación, sin clase y sin sentido del humor…así no hay quien cocine…Se desató el delantal y lo tiró sobre la mesa caliente, metió los cuchillos en la maleta y cuando hubo hecho esto, suspiro profunda y sonoramente. Fué este suspiro un adiós personal, íntimo. Se despidió de los hornos y de las cámaras, de sus respectivas almas, calientes y frías, que tantos placeres le habían aportado y sintió lastima de abandonarles a aquella suerte que se les avecinaba. Echó una breve mirada hacia el parterre que ella misma había preñado de semillas y cuyas flores agitadas por el suave viento parecían llorar como mariposas sujetas con correas. Eso iba a hacer ella ahora: romper su correa y revolotear quién sabe dónde pero aquello tenía que terminar… -Yo, lo he escrito yo.
- Esto en mi casa no, dijo la pánfila.
-¿En tu qué? ¿En tu casa dices, so necia? Sólo es tu casa para recibir los beneficios de los que no eres responsable en absoluto. Tu vulgar afición al dinero te aja el paladar y te impide saborear lo verdaderamente sabroso de este plato. Tratas a tus empleados sin respeto, es que no te das cuenta de la pila de horas de tu vida que pasas junto a ellos? No crees que serías un poco más feliz si te interesases más por tu gente? Estas muy ocupada componiendo vacías sonrisas de cera para gente a la que importas un carajo y luego tratas de resarcirte haciéndote la interesante con nosotros que somos tu familia, postiza de acuerdo , pero tu familia, la plantilla, la que hace que se mueva el barco.!Bah! Quizá soy yo mas necia pretendiendo que vengas a entender todo esto, míralo así :podía haberte plantado un puñetazo en la cara que es lo que quería hacer cuando me has puesto ese cochambroso billete al que llamas sueldo delante mientras sostenías tu gorda cartera a reventar de dinero; en vez de eso te he escrito un menú del día que bien podría ser una tirada de tarot porque es el futuro de este lugar, pan pa hoy y hambre pa mañana, y no me vengas con tu falso pudor y tus normas de la casa de la sidra porque te tengo muy bien calada, eres frívola y débil, no tienes gusto ni criterio, solo lugares comunes y moral doble como un sándwich mixto recalentado de dos días, conque recompón ese mohín de hija de maría que no sabe lo que es un burdel y prepárame la cuenta que ya me has chupado bastante y ya de ser puta, libre y sin chulo. Y se marchó. Cuanta vulgaridad había salido por su boca, le temblaban las piernas, se sentía efectivamente como si hubiese estado compitiendo por una esquina en la calle, no es por ser puta sino por lo animal del asunto, competir como en la selva por el territorio. Bramar…desperdiciara así la multitud de delicias que se pueden realizar con la boca …escupió sin ser vista y se prometió nunca más, por nada ni nadie, volver a caer tan bajo.

Nº 18
El café
Por Cándida Eréndida

Cuando llueve nos vemos allí. No hace falta siquiera quedar por teléfono; concretar una hora, que siempre ha de ser la misma; confirmar una asistencia inexcusable. Simplemente, a la salida, me dirijo a la parada del 21, espero pacientemente bajo la marquesina, me encaramo de un salto para evitar los charcos y, zarandeada y entre empujones confortables, llego hasta el café del callejón.

Allí se presenta Manolo, con su mandil negro reglamentario, moviéndose con agilidad entre las mesas de mármol, tan blancas y frías, sus sillas toneth, sus percheros a juego, la barra enfangada por los restos amargos de la primera tanda de desengañados de ese día, los que pensaban sentarse al fresco y charlar, como otras veces, de las noticias afables de todos los veranos, vacíos, gracias a Dios, de crónicas desagradables, de sucesos infaustos.

—¿Una cervecita?

Me trae una caña y unas aceitunas. A veces son alcaparras lo que se tambalea en peligroso equilibrio sobre los platillos superpuestos. Dentro de poco, diez minutos lo más, debes aparecer por la misma puerta batiente por la que acabo de entrar. Y así es, en efecto.

Traes tu inevitable aire de gravedad, algo innato en tu carácter desapacible. Cualquiera diría que te han despedido del trabajo o te han puesto los cuernos con cruel saña. Sueltas el paraguas a la entrada, en un cubo puesto al efecto junto a la puerta, donde se arraciman los puños y mangos de diversos colores. Se ha formado un charquito, como de llanto antiguo, alrededor del improvisado paragüero. Como no acostumbras a hablar hasta que te has acomodado, no le doy excesiva importancia a ese silencio incómodo.

Me hablas del tiempo, de lo extraño de esa lluvia en pleno agosto, de este año sin vacaciones, de lo que podemos hacer el fin de semana si hace bueno. Yo pienso mientras tanto en la lista de tapas, pues he comido poco al mediodía. Son, al fin y al cabo, los mismos planes absurdos de una pareja antigua de novios aburridos.

Suena la sintonía de un programa de radio. No llego a saber de qué es la tertulia de hoy. Te estoy mirando el pelo, desordenado, con canas cada vez más tangibles. Es una lástima que nos alcance así la vejez, con tanto desaliño.

Mañana tienes guardia. Quieres descansar, volver pronto. No sé a qué responde esa frase impensada, pero de repente no tengo ganas de verte más. Y no es de hoy, no es algo nuevo por culpa de esta lluvia improcedente. Simplemente noto, con mayor fuerza que otras veces, que es inútil esta lucha por llegar hasta el final, por embarcarse como todos en un matrimonio fracasado desde antes de producirse. Que para qué.

Ahora me miras con espanto. Yo pensé que hablaba por tu boca, pues no te veo el entusiasmo propio que se exige para esas aventuras. No cambiamos de hábitos, de lugares, de actores secundarios. No te lo tomes a mal.

Te coge por sorpresa tanta resolución. En mí es algo nuevo. Sin embargo, nunca he estado más segura. La lluvia ha borrado cualquier inconveniente; cualquier obstáculo inventado para no romper del todo se ha disuelto esa tarde definitivamente.

Un beso en la mejilla es quizás lo sensato, lo más civilizado. En cualquier caso, no me parece justo tomarme otra cerveza y pedir espinacas: debo ocultar un poco la sonrisa que pugna por salir, esconderla tras un luto provisional y fingido.

Al final me toca a mí pagar las cañas y me vuelvo a casa sin cenar. Ha dejado de llover hace un momento.

Nº 19
El ÚLTIMO VASCO con LEVITA

—¿Qué va a ser, don Miguel?
El camarero quedó de pie, frente al hombre de aspecto triste que había tomado asiento en un rincón del local, junto a una mesa de mármol que miraba a la ría, esperando que le dijera lo que deseaba tomar.
—¿Lo de siempre, don Miguel? —insistió.
El cliente miró al camarero desde una distancia infinita y asintió con un gesto casi imperceptible:
—Lo de siempre, Juan —dijo, al fin.
El camarero y dueño de la taberna —“Juantxu” para los amigos— tenía ante sí a un hombre que acababa de ser expulsado por unos energúmenos de su cátedra de Salamanca al macabro grito de “¡Viva la muerte!”, grito que era una sentencia firme para todo aquel que discrepara con su forma de pensar, razón brutal que empujó a don Miguel de Unamuno a buscar el calor de su tierra, de su casa, en las Siete Calles de Bilbao, ciudad y calles que cada vez que las pisaba tenían la virtud de devolverle la vida. Y el Rincón del Juan era su sitio predilecto para pensar tranquilamente al amor de un vaso de txakolí.
—Le veo decaído, don Miguel —le dijo aquella mañana otoñal—. Ánimo, verá como pronto se acaba toda esta locura de la guerra y volvemos a vivir en paz.
—No lo creo, amigo Juan. Estos bárbaros que presumen de salvapatrias acabarán con todo lo que de valor hemos alcanzado los humanos.

A este bilbaíno de pelo blanco, levita negra y aspecto ascético, el Rincón del Juan le había servido siempre de atalaya para observar la vida con la minuciosidad de un cirujano. Era un refugio seguro. Y es que sus recuerdos se mecían entre los cañonazos del sitio carlista de 1873 de su infancia, y el avance de los fascistas en este otoño de 1936, que iban sembrando el suelo de sal y sangre allá por donde pisaban. Lo tuvo claro cuando en el encontronazo con Millán Astray, en Salamanca, aquella mañana horrible vio palpitar su ojo de trapo mientras argumentaba, pistola en alto, que debía morir la inteligencia y daba vivas a la muerte.
—¿Estaba tuerto el fulano? —se atrevió a preguntar el dueño.
—No —respondió don Miguel—, estaba absolutamente ciego, ciego de entendimiento.
—¿Y usted qué le respondió? —añadió Juan aterrado por tamaña brutalidad y falta de respeto.
—¿Qué le podía decir a un energúmeno desatado como aquél, amigo Juan? Sencillamente, que con semejantes argumentos podrían vencer, pero no convencer. Éste es el templo de la inteligencia! —le dije— ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto.
—Valientes palabras, señor Unamuno, pero seguro que no las entendieron —el tabernero se puso a limpiar el mármol con un paño mientras rumiaba las palabras del filósofo.
—No, desde luego que no. Palabras que para mí fueron como una sentencia de muerte… —añadió don Miguel con infinita tristeza.

“Juantxu”, el dueño del Rincón, un vasco de pura cepa con muchos años a la espalda sirviendo chiquitos y pinchos de tortilla, sabía por experiencia que cuando un hombre como don Miguel de Unamuno andaba buscando refugio en su casa, significaba que la vida ya se le iba de retirada, que definitivamente se desinteresaba del mundo, y que sus días estaban contados. Tal es así que, cuando le dijo «adiós» arrastrando la levita, en el vacío de la taberna, su voz sonó como un “hasta siempre” que selló con un portazo.

Nº 20
ALMAS GEMELAS
Carmen miraba cada día a través del cristal de la cafetería. Hacía ya demasiado tiempo que veía la vida pasar protegida tras aquel parapeto transparente y le resultaba un agradable pasatiempo. Le gustaba contemplar a la joven mamá que siempre cruzaba por el paso de cebra a carreras, llevando casi en volandas a sus niños, pero que parecía inmensamente feliz a pesar de vivir a cien por hora. También le gustaba mirar a la dependienta de la joyería de la esquina. Era una señora de mediana edad que siempre iba impecablemente vestida y tenía los más exquisitos modales. Algunas veces, sobre todo en las lluviosas tardes de invierno, entraba en la cafetería y se tomaba un café para entrar en calor antes de abrir la tienda. Por supuesto, también parecía feliz, aunque no estaba tan abrumada como la joven madre. Tenía Carmen todo un mundo de personajes detrás de aquel escaparate. Había un caballero que acudía a la cafetería el primer lunes de cada mes, y le gustaba a ella fantasear acerca de su vida. ¿Sería un caballero que iba a ver a un antiguo amor prohibido cuya boda habían impedido sus padres hacía ya mucho? ¿Sería un ladrón de guante blanco que llenaba sus bolsillos con las carteras de la gente que acababa de cobrar? En el fondo de su corazón Carmen creía que era simplemente un pensionista que acudía a cobrar su pensión, pero se imaginaba todas aquellas historias para llenar un poco el vacío de su vida. Por supuesto, no todo eran historias felices las que contemplaba Carmen desde su tranquilo refugio. También veía gente con que la desdicha dibujada en su rostro, y sobre todo, veía cada día a una mujer que pedía en la puerta del banco, que era la misma imagen de la desolación. Desde su puesto de observación, Carmen podía observarla a sus anchas, e inventarse historias sobre ella, sobre su pasado y adivinar por qué había acabado así. El tiempo pasaba inexorablemente y Carmen empezaba a estar demasiado hastiada de todo. Le aburría ver la vida pasar sin participar en ella, pero no sabía cómo remediar su situación. Ella había quedado huérfana con 15 años, así que ser madre a los 22 había colmado sus expectativas. Aunque era madre soltera había encontrado en su hijo la razón para vivir, por eso aquel fatídico día en que un conductor borracho se había cruzado en su camino, había decidido olvidarse del mundo. Había estado mucho tiempo sin salir de casa, y tiempo después empezó a ir únicamente a la cafetería, donde pedía un café y no tenía que añadir una palabra. Compraba lo imprescindible en el súper y se arreglaba con su pequeña pensión, pero ahora habían pasado demasiados años y aunque el sangrante dolor seguía ahí, necesitaba volver a vivir. Una de aquellas tardes observó que la mujer que pedía no estaba en su sitio habitual. Al principio no le dio mucha importancia, pero al ir pasando los días sin verla aparecer empezó a preocuparse. No sabía cómo empezar a buscarla, pero sentía que debía hacer algo, así que llamó a los hospitales para preguntar si había acudido recientemente una indigente y ninguno había recibido a nadie con semejante descripción. Después llamó a la policía por si la habían encontrado muerta y no la había identificado nadie, pero de nuevo todo fue en vano. Cuando ya no sabía qué hacer decidió ir a la iglesia y hablar con el hombre que pedía limosna allí, pues en alguna ocasión lo había visto hablar con ella. Superando el miedo que tenía de hablar con los demás se acercó al vagabundo, y después de darle una moneda le preguntó por la mujer desaparecida. Él no sabía gran cosa, excepto que se llamaba Sofía y que era amiga de una tal Maru, que comía en el albergue de las monjas los sábados. Desesperada Carmen decidió esperar hasta el sábado y mientras tanto siguió viendo la vida pasar desde la cafetería, aunque ahora le parecía de lo más insulso. Ese mismo sábado fue al albergue y localizó a Maru,que le contó que la única familia de Sofía era un sobrino que vivía en una casa de montaña a unos 30 kilómetros de allí. Cuando Maru le explicó cómo se llegaba Carmen tomó nota mental y decidió ir enseguida a preguntarle al sobrino. Hacía mucho que no conducía, pero aquella era la ocasión perfecta para retomar algo que en su día le había dado una gran independencia. Superados los obstáculos y cuando estaba a punto de llegar, Carmen decidió aparcar en un bosque y esconder un poco el coche. Un sexto sentido la avisaba así que se acercó suavemente a la casa y observó. No se oía un ruido y parecía que allí no vivía nadie, pero le llamó la atención que las ventanas estuviesen tapadas con tablones. Ella que todo lo veía a través de las ventanas no concebía que aquello fuese muy normal. Fue a la puerta y después de manipular con una ganzúa que llevaba en el llavero y que era un regalo de su hijo, la puerta cedió. Entró con cuidado y después de abrir varias puertas vio a Sofía atada y amordazada. Había en el cuarto un olor nauseabundo, pero Carmen lo ignoró y desató a la sorprendida Sofía. Ésta decía que debían darse prisa porque su sobrino estaba a punto de regresar, había ido a comprar tabaco. Carmen llevaba el móvil y rápidamente grabó y sacó fotos. Cuando estuvieron a salvo en el coche Sofía le explicó que su sobrino la había secuestrado para que lo incluyera en su testamento. Al parecer era muy rica, pero había renunciado a todo al perder a su único hijo, y desesperada se había dado a la bebida y había acabado en la calle. Ha pasado más de un año y Sofía y Carmen entran juntas en la cafetería. Resguardadas detrás de la ventana hablan de lo bien que lo han pasado en la excursión a Zarauz, y sonríen al ver el saludo que les manda el mendigo desde la puerta de la iglesia. Parece mentira que ahora pudieran sonreír y tuvieran tanto que compartir, allí sentadas ante un humeante café. Eran dos almas gemelas. Sofía sentía mucho que su sobrino estuviese en la cárcel, sobre todo porque él iba a ser el heredero pues en aquellos días ella no había hecho testamento y él era el único familiar vivo, pero la codicia le había cegado y ahora Sofía iba a dejar todo su dinero a las monjas del albergue. Con sonrisas melancólicas las dos mujeres empiezan a planear la próxima excursión, y contemplan a la dependienta de la joyería, que también está tomando un café.

Nº 21
EVOLUCIÓN.
Si tienes el anhelo de llevar a cabo investigación científica adquiere el aprendizaje preciso y por todos los medios hazlo. Difícilmente alguna otra cosa te dará tanta satisfacción y, sobre todo, tal sentido de logro. Severo Ochoa.

Sala de Actos. Hotel Ritz. Zona de Bar. El periodista del “Daily Mirror” que lleva un cartelito identificador: Míster Tilla, aborda al científico escocés colocándole sin consideración la alcachofa del micrófono en la boca:

-¿Su bisabuelo era un antepasado de los más humildes? –pregunta hiriente.

El investigador ignora la pregunta ejercitando el sabio arte del silencio. Ocioso tras el éxito de su ponencia, bebe en un vaso plano su tercer Gin Tonic by Hendrick´s que es una infusión de pétalos de rosa de Bulgaria y pepino holandés con la mejor tónica del mercado, tintineando los cubitos de hielo en el vaso quiere deleitarse con la orquesta sin hacer daño a nadie…

El periodista prosigue mordaz:

-¿Su abuelo fue veterinario?, ¿no?

Silencio.

-¿Su padre…, médico?, ¿no?

Silencio.

-¿La evolución llega con usted al grado supremo?

Nuestro científico de Girvan, admirador sin parangón de la escultural Christina Hendricks, mira al reportero en tres dimensiones, escrutándolo, e importándole su entrevista una leche, o un carajo, o un pepinillo en vinagre, justo en ese momento oye que desde un altavoz afónico citan al periodista en recepción, mencionándolo como Míster Francis, y nuestro experto dando un trago directo a su combinado de ambrosía piensa que, la evolución está ahora mismo en su paladar y que algunos seres humanos –sin lugar a dudas- se han estancado en el australopithecus de paco-tilla que tiene delante.

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Jorndas de Teatro Eibar en LaVisita TV

JORNADAS TEATRO EIBARJose Maria Cornago responsable de las Jornadas de Teatro de Eibar, acudirá a Larruzz Bilbao para conversar con Jabier Calle, sobre la 33º Edición de las Jornadas de Teatro de Eibar. www.eibarres.net  Hasta el próximo 26 de marzo se podrá disfrutar del mejor teatro que se ofrece ahora en Eibar y de ello nos hablara Jose Maria Cornago.

En la segunda parte será el Poeta Sergio Oiarzabal quien nos ofrecerá su poesía y manera de ver la vida.

Sábado a las 20h y Domingo a las 15h. en TeleBilbao, LaVisita TV

¿Quieres participar en el Cortometraje AMOR PROPIO?

LaVisita y Sound Bussines Studios grabara durante el próximo fin de semana el cortometraje AMOR PROPIO cuyo guión fue el ganador del 1º CONCURSO DE RELATOS CORTOS de LaVisita y Larruzz.
Si deseas participar, deberás mandarnos mediante la sección de contactar tus datos:
NOMBRE, APELLIDOS, EDAD, MAIL, MOVIL y nosotros contactáremos contigo.
Adjuntas el texto GANANDOR del Relato de Carlos Garcia para ir entrando en situación.
AMOR PROPIO

Si hay algo que me saca de mis casillas es una caña mal tirada, un cubalibre revuelto de cualquier manera. No soporto un café deslavazado, hecho de agua tibia y filtrada, como recogida sin ninguna gracia después de regar un tiesto. Llevo muchos años detrás de un barra y creo que esta actividad merece un enorme respeto; lo merece el cliente y lo merece el buen género con el que debemos trabajar, pero también lo exige nuestro propio ego, nuestra profesionalidad, nuestro amor propio. Hay dos formas de hacer las cosas: bien o mal. Y hay que hacerlas bien. Un veterano cocktelero de la capital me lo dijo una vez, poniendo en su voz todo el peso de su experiencia: “El secreto de un buen combinado es que todo tiene que estar perfecto”.
Empecé en ésto muy joven. Mi padre tenía un bar por donde pasaban cada día cientos de personas, generalmente hombres rudos, inmigrantes la mayoría, camino a las fábricas cercanas. Y atendíamos –yo también, desde niño-, muchas peticiones variopintas durante largas horas, desde las cinco de la madrugada, en que se cruzaban los que salían del turno de noche con los que les relevaban en el inicio de la jornada, hasta bien entrada la noche. Una tarea dura, capaz de agotar los esfuerzos de toda la familia: mi padre, mi madre y mis dos hermanos.
Sin embargo, supe encontrar algo entrañable en aquella mezcla de hostelería y psicología, de alcohol, café y humo de tabaco. Quizás el único ambiente que conocí bien en mi infancia y mi adolescencia, el paisaje de mi memoria. Cuando me fui haciendo mayor y mientras las fábricas del entorno iban cerrando por la crisis, yo aposté por seguir en ello. Junto a un socio y amigo abrimos en una zona de ambiente un bar con música, de los que prodigaron en aquellos años 80, y que, no sin enorme esfuerzo, terminó por irnos bien. Han pasado algunos años y seguimos siendo socios y, aunque parezca extraño, también amigos. Tenemos tres locales en marcha; trabajan para nosotros veinte personas, ya no pasamos tanto tiempo tras la barra pero seguimos controlando la marcha del negocio como el primer día. Y no es exceso de celo, yo insisto en que es mimo, profesionalidad, amor propio.
Por eso hoy he sentido curiosidad ante las torpes maneras del joven camarero que me ha atendido en esta cafetería en la que me he refugiado de la lluvia, mientras mi esposa continúa haciendo unas compras por la zona. Y he notado que se me escapaba una sonrisa ante su impericia, quizás provocada por reconocerme a mí mismo hace unos años en ese bisoño chaval que pulula confuso por detrás de la barra. Le veo buena voluntad pero poca práctica; por eso me he atrevido, muy amablemente, a darle un par de consejos que, tras su estupor inicial, parece haber aceptado de buen grado. Es su tercer día de trabajo sustituyendo a un amigo, me cuenta, pero el primero con tanta gente. Es viernes, está lloviendo y las tiendas de la zona han comenzado sus rebajas. Me ha caído bien y mientras las compras de mi esposa se prolongan me he ofrecido a echarle una mano, a aclararle de una vez por todas como se hace un expresso que merezca tal nombre. El sonríe y me abre el paso a los mandos de la moderna cafetera con el respeto con que se guía a un experimentado piloto hacia la imponente cabina de un jumbo.
La lluvia arrecia y el bar se llena. No termino de hacer los cafés cuando ya me reclaman desde la otra esquina: “¿Me cobra, señor? Son dos cañas, dos pinchos de tortilla”. Del otro lado me piden más pinchos: “No caballero, cuando hay mahonesa no se puede calentar el pincho al microondas”, le explico, pero antes de acabar la frase me hacen otro pedido desde otro lado. Sin embargo, me siento capaz, rejuvenecido, un gran tenista devolviendo todos los golpes.
Tras los cristales mojados veo acercarse por la calle a mi mujer, corriendo para escapar de la lluvia, cargada de bolsas, y entra decidida en el bar. Reparo en que está muy guapa, que los años no han pasado por ella y que hoy pudiera ser hace unos años, cuando novios, la reedición de una escena como tantas vivimos en que yo atendía mi bar durante horas y ella entraba a visitarme tras salir de la universidad. Los recuerdos entrañables me embargan.
Detengo unos segundos mi intenso trabajo para apreciar su supuesta sorpresa de verme allí dentro, en ese sitio absurdo, para disfrutar de su pasmo. Pero sólo alcanzo a ver su sonrisa hacia el otro lado de la barra, donde se encuentra el camarero novato al que pretendo ayudar. Se besan en las mejillas, como si se conocieran de hace tiempo. Los ojos de ambos se reflejan en sí mismos, mientras muestran el brillo del amor juvenil, sincero, sin el velo del desengaño. No tienen ojos para nada más, para nadie más. Mi joven compañero, sale de la barra como un escolar deja el aula la tarde del viernes. Me mira y me lanza un rápido adiós, el gesto de una despedida cotidiana. Coge con su mano izquierda las bolsas de la compra de mi esposa y pasa la mano derecha por su cintura. Enlazados, salen del bar, rápidos, dispuestos a comerse el menú fascinante que el mundo ofrece a dos jóvenes hambrientos como ellos. Yo me quedo mudo, intento articular alguna palabra, deseo saltar la barra y correr tras ellos, pedirles una explicación…, pero no puedo porque desde la esquina un señor, bastante impaciente por cierto, me reclama dos cortados, un triángulo y un pincho de paisana.

LaVisita JabierCalle

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Lee y VOTA los RELATOS del 2º CONCURSO de Larruzz-LaVisita

Aquí encontraras los relatos seleccionados del 6º al 11º . Utiliza la sección de CONTACTO para mandar tus votos, que deberán ser del 1 al 10 en función de la originalidad, relación con el tema, estilo gramatical y ortográfico. Pon tu nombre, apellidos, mail y móvil y entres todos los votos recibidos sortearemos cenas para Larruzbilbao y LarruzzSantander.- Ahora a leer..

Nº 6

EL DELANTAL DE MI ABUELO ANTONIO
De Itziar, del alto de Deba era mi aitita Antonio. Y por no ser el mayorazgo del caserío se vio obligado a salir de él emigrando a Bilbao.
En nuestro querido botxo hizo sus primeros pinos como albañil. En el gremio de la construcción, paleta y llana en mano, trabajó un tiempo hasta que su fuero interno le reclamó iniciarse en el mundo de la hostelería.
Un bar de chiquiteo en Fernández del Campo fue su bautizo como tabernero. Para ello pagó al arrendatario saliente las cincuenta pesetas acordadas (sin recibo alguno por medio); se estrecharon la mano y, tras colocarse el delantal azul mi abuelo, se convirtió en el tabernero del “Bar Alcorta”. Poco después, su iniciativa le movió, ayudado en todos los menesteres por mi amama Dolores (su esposa), a preparar en el fogón del bar: cazuelitas, pinchos, comidas de diario, etc… Pero no paró aquí su emprendedor empuje. A continuación compró una mesa de billar (de carambolas), acompañada de un par de juegos de bolas y unos buenos tacos, y con ello atrajo al establecimiento a otro tipo de clientes; entre ellos al gran campeón de la especialidad, Butrón.
Polifacéticos los abuelos, aprovecharon algunos ratos de cama para traer al mundo diez hijos, entre los cuales se encontraba mi bendita madre. Pero tantas bocas que alimentar volvió a encender en mi aitita Antonio la necesidad de un nuevo delantal. Y con un brioso paso adelante abrió el siguiente Bar-Restaurante en Hurtado de Amézaga.
Recuerdo con gran cariño a mis antepasados y, en especial, al emprendedor hombre del delantal.
“ Itziarren semea”

Nº 7
GEOGRAFÍAS
Cada día, a la hora en la que el invierno se manifestaba con una fría calidad lechosa a través de los ventanales del bar, lamiendo con ansia centímetro a centímetro de las mesas de mármol, de la barra soñolienta que yo calibraba con desgana infinita, después de que los parroquianos habituales se encaminasen a sus respectivas negligencias y de que un sopor como de siesta temprana cayese sobre el barrio de Lavapiés, ella cruzaba el umbral arrebujada en su abrigo negro como un pájaro de luto, con una mochila raída de sus tiempos de estudiante y, tras pedirme un café sin azúcar, se sentaba al fondo, junto a la puerta del baño, donde la luz de la calle no pudiera alcanzarla. Tenía una mirada afilada e insolente, que se clavaba durante unos minutos con fiera determinación en alguna región de su pasado mientras revolvía inúltimente el amargor de su taza. Luego sacaba un plano de alguna ciudad desconocida que yo adivinaba tan distante de Madrid como sólo puede estarlo un lugar que la nostalgia no ha visitado todavía y recorría dócilmente con sus dedos la geografía de sus calles, entregada a una ensoñación que durante un instante dulcificaba sus rasgos y la acercaba al mundo de los vivos.
Me acostumbré a su presencia silenciosa, ajena a mí y a mi triste bar, como el que se habitúa a los geranios de su ventana, hermosos y despiadados en su indiferencia y paseé junto a ella por los vericuetos de su ciudad fantasma, desprendiéndome cada mañana del lastre de realidad que me ataba a la sofocante transparencia de un Madrid desnudo y sin misterios.

El día que se percató de que yo observaba cada uno de sus movimientos, dejó el importe del café sobre la barra sin mirarme a la cara y no volvió más. Su mesa quedó más vacía que nunca. Su ciudad, esa de la que yo nunca conoceré el nombre, se fue con ella; y la mía perdió para siempre la oportunidad de ser recorrida por aquellos dedos.

Nº 8
CASA NEKANE
(UN RESTAURANTE DEL SIGLO XX EN EL SIGLO XXII)
– Antonio, ¿has quedado para comer con alguien? Tenemos que hablar, es importante.
– ¿Es sobre “eso”?
– Sí, pero no digas nada por teléfono, te lo cuento mientras comemos en “Casa Nekane”.
– ¿En “Casa Nekane”?
– Sí, donde el comer es un placer y el beber es un deber.
– ¡Joder! eso es poesía y no lo de Bécquer. Y encima pagas tú. ¡Vamos para allá maestro! Y no te llevo flores porque te las comes.

Diez minutos después Paco y Antonio franqueaban la puerta de “Casa Nekane”. Éste era un restaurante de los que ya no quedaban. Era el único en dos manzanas a la redonda donde se podía comer decentemente por dos mil euros. Estaba decorado al estilo de los años cincuenta del siglo veinte: Las mesas tenían manteles a cuadros, (las pares a cuadros rojos y las impares a cuadros azules) y las sillas eran de madera con cojines a juego con los manteles. La barra ostentaba raciones ya solo encontrables en museos gastronómicos (merluza rebozada, pimientos rellenos, morcilla con pimientos de piquillo, boquerones en vinagre, al ali–oli, chorizo a la sidra, etc…) debido a la persecución acérrima que sufría este tipo de raciones por el “Ministerio Anti-obesidad”, desde la aplicación de la “Ley Seca” (de grasa).

(Nota Aclaratoria: En el año 2127 el “Ministerio Anti-obesidad” había prohibido todos los alimentos que tuvieran más de catorce calorías. La comida “light” dominaba el panorama culinario)

Las paredes de “Comidas Nekane” intercalaban azulejos blancos con azulejos con sentencias filosóficas del tipo: “El hombre fino con todo bebe vino”, “Para ser guapo y hermoso buen vino y mucho reposo” “Clases de vino hay dos: el bueno y el mejor” “Si el mar fuera vino todo el mundo sería marino” etcétera, etcétera. En suma: era un restaurante. No un “café lounge” ni un “espacio minimalista”. Era un sitio en el que te comías lo que ponía en la carta: El pollo con patatas era pollo con patatas y no “Chicken con tubérculos de temporada en salsa propia”. La tortilla era tortilla y no “Huevos deconstruidos con frutas de la tierra”.
Y era un lugar del que salías sin hambre. No uno de esos restaurantes con “Menú Degustación”, un invento demoníaco que sólo servía para servir medios platos a precio de platos enteros. También era de los pocos que ofrecía un menú clásico “Menú del siglo XX” lo llamaban los cursis y “Comida casera” lo llamaba Nekane, aunque en pocas casas se comiera tan bien como allí. En los tiempos que corrían, raro era aquel que tenía sartén y más raro aún, quien supiera usarla.
La dueña de este fabuloso restaurante se llamba Nekane, como los lectores más avispados ya habrán adivinado. Nekane para los amigos y Nekane Aguirre Olabarrieta para Hacienda.
Esta mujer era toda una señora. Con todas las connotaciones positivas que la palabra señora tiene. Madre y mujer trabajadora desde que tuvo a sus hijos, antes mujer trabajadora. Llevaba al frente del restaurante desde el año 2102, sin más ayuda que la de Iker, su marido desde hacía “tay tantos” años. Nekane aparentaba cincuenta y tantos años, pero los aparentaba desde hacía veinte. Y los seguiría aparentando por los siglos de los siglos, si la etiqueta de la crema que se echaba por las noches decía la verdad. Era robusta, que no gorda y cuando caminaba, sus carnes, apolíticas, se bamboleaban a derecha e izquierda. Creando en quien la miraba, el efecto de creerse en el mar, disfrutando del gracioso bamboleo de las olas.

Dos horas después de haber entrado, Paco y Antonio habían fundado clandestinamente la primera sociedad gastronómica de Bilbao, desde que en el año 2127, el Ministerio Anti–obesidad las hubiera prohibido so pena de 20 años de prisión en un centro de adelgazamiento (donde serían sometidos a toda clase de vejaciones: les obligarían a ser vegetarianos, a tomar leche de soja, yogures con bífidus, beber únicamente agua y zumos macrobióticos, hacer aeróbic… en fin la muerte en vida).
No era una empresa fácil, tendrían que comprar la comida en el mercado clandestino de Guecho, trasportarla en el maletero del Seat Donosti de Iñaki (que tenía doble fondo) y la cocinarían en el sótano de su amigo Joseba. Arriesgarían su libertad, pero merecía la pena. La gastronomía vasca no podía morir por una estúpida ley creada por los defensores de lo “light”.

Nº 9

La jornada de las definiciones
No había en el mundo nada mejor que las piernas de Usnavy Contreras y sus empanadas de poco pollo y de mucho arroz. Para nuestra fortuna, las piernas y las empanadas estaban al alcance de nuestros bolsillos. Era cuestión de dejarse llevar por el deseo, llamar un par de amigos y caer al billar “Saint Moritz” a hablar de la vida y de otros asuntos…
«¿Qué van a pedir, muchachos?». «Lo de siempre, Usnavita: José Alfredo Jiménez, Roberto Goyeneche, café negro y empanadas con ají»…
La jornada del 23 de marzo de 1978, a pesar de tener los mismos aderezos, fue diferente del resto de jornadas surcadas en el “Saint Moritz”. Definimos el rumbo de nuestras vidas, pasamos a ser capitanes de nuestras propias naves.
Esa tarde llegamos al billar hambrientos, temerosos del futuro que amenazaba tragarnos de un bocado y zurumbáticos por cuenta del programa doble de reestreno que acabábamos de ver en el cine “Lux”: “Matar un ruiseñor” de Robert Mulligan y “Taxi driver” de Martin Scorsese.
Juan, mi mejor amigo, entre mordisco y mordisco de empanada nos reveló que había decidido seguir los pasos de Atticus Finch, el protagonista de la primera película. Sería abogado penalista y defendería con dientes y garras la causa de los humillados y de los ofendidos. Humberto, mi otro mejor amigo, por su parte, se inclinaba por ser taxista a sueldo y matador aficionado de proxenetas vulgares, como Travis, el protagonista de la segunda película. A mí no me cuadraba ni lo uno ni lo otro. La verdad, no me cuadraba nada. Quería evadir cualquier tipo de responsabilidad, ser libre, quedarme para siempre en el billar justipreciando las piernas de Usnavy, comiendo empanadas y hablando con mis amigos de la vida y otros asuntos.
Curiosamente mi destino se definió también por el lado cinematográfico y sin que yo, pachorro y desmadejado, tuviera que mover una sola neurona. Mientras veíamos el programa doble de reestreno en el Lux, mientras la pequeña Scout huía de la celada que le tendió el Señor Ewell mi abuela Tulia estiraba la pata. Yo era su único pariente. Me dejó como herencia una pensión de alquiler a orillas de la represa del Nuesa, a 78 quilómetros de Bogotá. La pensión estaba prácticamente en ruinas pero no me importó. La remocé sin arrebatarle su toque colonial y la rebauticé con el tétrico nombre de “Mansión Bates”…
«Si te vas conmigo, Usanavita Contreras, te escrituro la mitad de la hostería…».
Han pasado 30 años desde entonces. Usnavy y yo seguimos allí, en la mansión, vendiendo café negro y empanadas de poco pollo y de mucho arroz, viendo películas viejas, escuchando a Goyeneche y a José Alfredo y hablando con los clientes de la vida y de otros asuntos.

Nº 10
UNA DE LAMBRUSCO
Tiosilva no estaba acostumbrado a alternar con gente y, como ya era habitual en él, rehuía la compañía de los demás.
El pobre ignoraba que a veces convenía presentarse en casa de los llamados amigos sin haberse hecho contar por ellos y hablar de esas cosas de las que se dice muy aristocráticas. Si a Tiosilva no les gustaban esas tertulias era porque se las suponía amorfas, dada la enorme publicidad que los concurrentes se daban a sí mismos.
Todo comenzó aquella calurosa noche de agosto en el restaurante “ La Tertulia “. Los placeres de la mesa habían culminado con interminables copas de las más variadas bebidas y la idea de irritarse viendo el telediario de la noche no le parecía a Tiosilva una idea muy juiciosa, así que optó por coger una botella de lambrusco y dirigiéndose a los comensales dijo:
Dicen que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad. Si con un buen copazo de vino, eres capaz de decirme todas aquellas verdades que sondean tu mente, estoy dispuesto a correr el riesgo y a escuchar todo aquello que me quieras decir. No creo que te haga falta demasiado elixir de la verdad, pues tus ojos no son capaces de mirar fijamente mientras mienten y son ellos los que me cuentan las historias que callas, las que quieres pasar por alto y las que salen a relucir con un buen espumoso: un lambrusco de tomo y lomo, que está deseando cobijarse entre nuestros labios, saborear nuestros paladares y no a la inversa.
Nadie se explicaba esa reacción de Tiosilva. Y continuó diciendo:
El vino no se deja seducir por cualquiera, debe catar aquellas gargantas que puedan apreciarlo y como recompensa, nos dará un suave cosquilleo, y un don de palabra que se escapará entre burbujas, en medio de nuestra conversación dialéctica que abordará esas verdades que tanto proclaman. Pero no cualquier instante es el adecuado para él. Lo dejaremos a la vista, antes de entrar en la combinación cósmica de nuestra comunicación puramente experimental y de nuestras sanas locuras que disfrutaremos como niños. Cuando estemos preparados caerá ese lambrusco, poco a poco, dando tanto de sí, que las palabras que pronunciarás esta noche serán casi infinitas y la noche se convertirá en día y recordaremos lo acontecido: las velas, las estrellas, los besos de lambrusco y la noche eterna sobre nuestras cabezas alocadas, que se sonrojará de placer al ver como una simple gota de vino derramada, fue la causante de tanto fervor en nuestra santa religión fermentada por las uvas.

Nª 11

EL BAR MALDITO
Joseba y Nacho corrían sin ninguna dirección. Solamente corrían para no ser alcanzados. Sus piernas no cesaban de moverse al compás de los frenéticos latidos de sus corazones. Finalmente, la suerte les ofreció una imagen idílica. Tras un pequeño cerro, alcanzaron a vislumbrar un bar de carretera, al cual ninguna carretera llegaba. Un local pequeño y de sucia apariencia, que surgía de la nada entre montes y arena, en medio de ninguna parte. Pero también era la única salvación para Joseba y Nacho, que no dejaron de correr hasta entrar en el bar.
Irrumpieron con un portazo, y todos los allí presentes, clientes y camarero, les miraron fijamente, con desdén, como si aquella entrada bestial no se hubiera producido. Mientras, Joseba y Nacho respiraban ansiosamente, con el propósito de recuperar todo el oxígeno perdido en su carrera fulgurante. Miraban a aquellas personas, extrañados por el hecho de que estos no se extrañasen por su culpa. Sudorosos y asustados, tomaron varias mesas situadas cerca y las colocaron delante de la puerta, para que nadie entrase en el lugar.
- Nos están persiguiendo -, dijo Nacho, exhausto y con la voz entrecortada.
- ¡Hay zombies ahí fuera! -, exclamó Joseba, impresionado por lo que acababa de contemplar unos minutos antes.
La gente seguía a lo suyo, como si nada. Los clientes charlaban casi en susurros y el camarero limpiaba la barra y los vasos. Nadie parecía prestarles atención.
- Oigan, sabemos que esto puede parecer una broma, pero es en serio -, continuó Joseba. Mi amigo yo hemos sido atacados por un grupo de personas. Parecían enfermos.
- Eran zombies. Lo sabemos porque hemos visto cómo atacaban a un amigo nuestro y lo devoraban -, completó Nacho.
- Veníamos por un camino y se nos echaron encima. Eran más de 20. Intentamos ayudar a nuestro amigo, pero fue imposible. Esos locos nos empezaron a perseguir -.
- Sí, y a mí uno me dio un mordisco en el brazo. ¡Malditos cabrones! -, aclaró Nacho.
Tras aquellas últimas palabras, todo el mundo en el local miró hacia su herida. Tenían miedo, pero no por los muertos vivientes, sino por la sangre que brotaba del brazo de Nacho.
- ¡Se va a convertir en uno de ellos! -, gritó un hombre mayor, sentado en una mesa próxima a los dos jóvenes, mientras se incorporaba.
- ¡Fuera de aquí o nos acabarás matando a todos! -, prosiguió un hombre que se encontraba en la barra.
- ¿Pero qué coño están diciendo? -, preguntó Nacho, visiblemente asustado.
El camarero abrió una puerta situada tras la barra, se metió en la habitación y en unos segundos salió, armado con una escopeta, que no tardó en cargar. Con firme decisión, caminó fuera de la barra, en dirección a Nacho, que le miraba sin saber qué hacer.
- ¡Qué va a hacer! -. Joseba no podía creer lo que estaba sucediendo. Intentó detener al camarero, pero varias personas le sujetaron.
El camarero se paró a un metro de distancia de Nacho y le apuntó a la cabeza con el arma.
- ¡No, por favor! -, chilló Joseba, con toda su fuerza, sabiendo que aquella era su última oportunidad. Por su parte, Nacho no podía dejar de mirar al camarero, sin articular palabra.
El camarero, sin inmutarse, apretó el gatillo y le voló la cabeza al muchacho. Joseba comenzó a gritar de impotencia, tirándose al suelo. Las lágrimas brotaban de sus ojos y corrían raudas por sus mejillas. Armado de valor, se incorporó y se dirigió hacia el asesino de su amigo.
- ¡Por qué has hecho eso, joder! ¡Sólo necesitaba un poco de ayuda! -.
Fuera del bar, comenzaron a escucharse unos agudos lamentos. Docenas de manos golpeaban las paredes y la puerta del bar, intentando entrar.
- Por eso -, dijo apelando a los golpes. Se hubiera transformado en uno de ellos y nos habría atacado.
- ¿Y por qué no nos hacíais caso cuando hemos llegado? -, preguntó Joseba.
- Porque son familiares y amigos nuestros. Tenemos que alimentarlos. Y para eso estáis aquí vosotros -, sentenció el camarero, mientras la gente del bar se acercaba amenazante a Joseba.

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El Musico BILILLO y el Escritor ANDRES GALAN en La Visita TelBilbao

La música y la literatura se darán la mano con Jabier Calle y la conversación que mantendrá con el músico bilbaino BILILLO y el escritor de Santutxu ANDRES GALAN.
Entrevistas distintas, diferentes, amables, acogedoras, naturales y sobre todo muy entretenidas, son las que Jabier Calle ofrece cada semana desde La Visita en TeleBilbao, todos los sábados a las 20,00h. y los domingos a las 15,00h.
Muy recomendable….
www.lavisita.tv

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Lee y VOTA los relatos de la 2º Edición de Relatos Cortos Larruzz – LaVisita

 Aqui encontraras los primeros relatos seleccionados. Utiliza la seccion de CONTACTAR para mandar tus votos,que deberan ser del 1 al 10 en funcion de la originalidad, realcion con el tema, estilo gramatcal y ortgrafico. Pon t nombre, apellidos, mail y movil y entres todos los votos recibidos sortearemos cenas para Larruzbilbao y LarruzzSantander.- Ahora a leer..

Nº 1 Paris La Nuit
Hoy era su 35 cumpleaños y al apagar las velas en el restaurante y pedir su deseo sintió un gran vacío por dentro. Tenía todo lo que se podía desear, su profesión le había ocupado su vida y se lo había dado todo pero, ¿por que se sentía de aquella manera? ¿Qué le podía pedir a la vida que todavía ésta no le hubiese concedido? Cerró los ojos, sopló las velas y exclamó:- un viaje, deseo un viaje sin concesiones-. Buscaba un viaje distinto, sin compañía, un viaje que le sirviera para evadirse de todos y de todo.

Esa misma tarde entró en la agencia y mientras ojeaba viajes a la India y a Cuba, ineludiblemente su atención se desvió hacia un grupo de chicos y chicas gays que intentaban cerrar un viaje para pasar el día del orgullo en New York o París.Y se dijo:
-París no es un mal destino-. En su época estudiantil se corrió varias juergas inolvidables, sus primeras borracheras y hasta sus más bohemias locuras sexuales, llevaban escritas en su piel aquella ciudad y quien sabe si lo que su vida necesitaba ese verano era volver en cierta manera a aquella juventud despreocupada de fiestas interminables.

El TGV partió de Hendaia dos días después, y tras 5 horas de viaje y otra más de taxi, entró en el hotel y a pesar del cansancio, no pudo evitar fijarse en la preciosa recepcionista que le estaba esperando con la mejor de sus sonrisas. Sophie era una linda y cálida parisina de voz dulce, tez morena y ojos cautivadores.

Después del papeleo oportuno, Sophie le preguntó si conocía la ciudad, a lo que respondió que su cuerpo años atrás la había conocido y que ahora no sabía muy bien que hacia allí ni que quería, pero que no estaría de mas buscar un poco de ambiente. La sonrisa picara de la recepcionista le hizo caer al momento, y tras ruborizarse sobre manera, le intentó explicar que no se refería a ese “ambiente”, pero entre tartamudeos y nervios, no consiguió dar con ninguna excusa convincente.

Sophie terminaba ya su turno y quiso mostrarle lo mejor de la cuidad; no se lo pensó dos veces. Salieron del hotel y se fueron en moto a recorrer algunos de los lugares más románticos de Paris, La Opera Garnier, los Campos Eliseos, Montmartre, la Tour Eiffel…. Por primera vez en mucho tiempo se sentía libre, junto a una desconocida que le estaba enseñando Paris y con la que no tenía que fingir, simplemente se dejaba llevar. Se adentraron en callejuelas estrechas en las que personajes peculiares habitaban en bares desconocidos, hasta que llegaron al cruce de Le Marais donde les detuvo una gran manifestación de color. Gente despreocupada que se besaba, que se reía, que lanzaba plumas al aire.- ¿No querías ambiente? es que hoy es el día del orgullo-Le dijo Sophie.-Demasiadas sensaciones para mi, necesito que nos tomemos algo- le respondió.

Y así acabaron en un bar de copas típicamente parisino, con mesitas para dos y sillas de forja, con velas encendidas y acogedores cuadros que evocaban al mejor Paris de todos los tiempos. Un lugar donde el olor a perfume y tabaco resultaba de lo más embriagador. Un lugar en el que comenzaron a saber de sus vidas, en el que las miradas robadas, sin saberlo, eran preludio de algo que resultaría mas adelante irrefrenable.
Y mientras la gente que había a su alrededor desaparecía, aquel bar se convirtió en testigo mudo de nuevas experiencias, locas, poderosas, seductoras, libres….

No hizo falta decir nada, el alcohol tiene esa capacidad de hacernos olvidar nuestro lado más tímido, y además el ambiente que en aquel sitio se respiraba era de lo más adecuado. Que terminaran besándose era cuestión de segundos. Sophie dio el primer paso, acercó su mano a su cara y con un suave movimiento le obsequió con el beso más dulce que jamás nadie le había dado….Clara, tras un largo silencio, le dio las gracias y le dijo:
-Necesitaba unas vacaciones para encontrar algo positivo en mi vida, algo que le diera sentido, y por supuesto que lo he encontrado, he encontrado lo más valioso, me he encontrado a mi misma-.

Nº 2 La ensalada triste

Érase una vez una ensalada que estaba triste, porque era fea. Sus hojas, aunque verdes y tersas, no tenían la belleza y el brillo necesarios para atraer las miradas de los comensales. Sus diversos componentes, sencillos y elementales, no la hacían atractiva, no conseguían despertar con sus colores el deseo de consumirlos. Algo le faltaba…

Una noche, en sueños, vio llegar un carruaje cargado con aceites, vinagres y sales de todo tipo. Estos condimentos descendieron majestuosamente del carruaje y se emparejaron. Comenzaron a bailar al son de una dulce música que los envolvía amorosamente y, girando y girando, el baile se tornó veloz torbellino que, con con su ritmo impetuoso, acabó por emulsionar a los condimentos en un frenético abrazo que dio como resultado una crema aterciopelada, dulce y refrescante, capaz de avivar los deseos de cualquier comensal sensible y de imprimir belleza a la ensalada más vulgar.

Despertó sobresaltada y turbada, intuyendo haber hallado la solución a su fealdad y falta de gracia. Reclamó ser rociada con aquella preciada mezcla que había visionado en sueños y al punto comprobó que todos sus componentes se hacían bellos y atractivos, perfumados con los aromas de la sabia combinación que, una vez concluido el baile, penetraría hasta el más recóndito de sus rincones, proporcionándole un nuevo y sugerente aspecto.

Una vez en la mesa, no lo podía creer. Los comensales se la disputaban y la degustaban con fruición, su aroma se extendía e invitaba al festín. Era bella, y todo gracias a aquel baile que contempló en sueños.

Nº 3 Razones , emociones y sentimientos .

Hoy he vuelto al bar.

Los médicos de la razón me dicen que descanse y me insisten que es malo ir al bar, pero me emociona llegar, me hace sentirme bien.

Hoy he vuelto al bar. Dos el barra, siete en el fondo, atención al cliente sin cariño, como siempre . El del cariño estaba intentando de nuevo el milagro de la razón , aunque no consigue emocionar . Pero a mi , al menos, me hace sentirme bien .

Me tomé el café y leí la prensa . La razón . No me emocionó , pero me sienta bien leer la prensa .

Escuché a los dos de la barra , hablé con los siete del fondo , agradecí la atención al cliente, sin cariño. No importa . Donde no hay amor pon amor y encontrarás amor . Lo llevo con tu retratito ,en mi cartera . Tuve un amor que mató el amor por sólo encontrar amor.

Acabé de leer la prensa , la razón , y llegaste .

Ni está ni se le espera , como siempre .

Yo lo ví y te pregunté . No esperaba menos .

Si . Sin embargo me mató la razón . Me sentí mal . Mi emoción me pudo .

Tienes razón , la puerta siempre está abierta .Aprendí a dejarlas abiertas cuando perdí el miedo y lo cambié por aprecio .

Si . Sin embargo me hubiese sentido bien al aprender a saber que había que cerrarla .

Me hubiese emocionado tener a alguien que un día compartió , ¿ cerramos la puerta?

Pero el yo me mi conmigo no es plural .

No debí haber ido , pero hoy he vuelto al bar .

Tienes razón , yo no me mi conmigo , nunca lo haré .

Pero al menos sé qué hacer mañana ; Tirar esta carta a la papelera sin color .

Y bautizaré con otro nombre a mi libro porque soy pobre. No tengo dinero para comprar mis ideas .

Si tu estás bien , yo estoy bien . Y Paso página . Mañana es el primer día del resto de mi vida .

Y además éste relato tampoco tiene ni razón, ni sentimiento, ni emoción , ni nivel para concursar .

Nº 4 Vivencias
La vida es bella y cruel por momentos. Ahora me resulta imprecisa y esperanzada. Todo depende de la situación. Recuerdo los hechos. Empezó la primavera del pasado año cuando ojeaba las noticias de un periódico local en la mesa de un bar de ambiente agradable. Se acercó una mujer joven y me preguntó: ¿es el ejemplar suyo o del establecimiento? Le respondí que era mío pero que si lo deseaba se lo podía dejar en unos diez minutos. Me precisó que solo lo quería para ver los números premiados de lotería, ya que tenía una corazonada. Dado que también me encontraba en igual situación, le propuse comprobar ambos al mismo tiempo la lista, diciéndole que si tenía algún premio le invitaba a comer en el restaurante. Me dirigió una profunda mirada valorando la situación. Dudó y dijo: acepto y propongo lo mismo. Ambos, puestos de pie, localizamos la hoja de las loterías. Miré el primero de los dos números que tenía y no resultó premiado, pero el segundo fue agraciado con el reintegro. Al de ella también le correspondía “dinero atrás”. Comimos juntos y empezamos a conocer algunos aspectos de nuestras vidas. Resultó agradable. Decidimos adquirir un nuevo décimo cada uno, con el mismo número y convinimos que el domingo siguiente al sorteo nos encontraríamos en el mismo bar para comprobar nuestra suerte. La suerte, pensé, era el haberla conocido. Lo demás era lo de menos. Fuimos repitiendo el mismo procedimiento hasta convertirlo en hábito. Cuando recobrábamos el dinero por el que compramos la ilusión de conseguirlo fácilmente, lo gastamos en comidas y cenas, que a veces se completaba bailando salsa, tango o lo que fuera. Resultaba enigmática y solo teníamos como referencia el encontrarnos los domingos en el bar a las 12 horas, despidiéndonos “hasta el siguiente”. No conocía en qué lugar vivía, ni su numero de móvil, ni…, ni…, pero me embrujaba ilusionándome por volver a encontrarnos. Era como la luz del camino de mi vida, aunque aún me resultase desconocida en muchos aspectos. Se mostraba educada, elegante e inteligente. En algo debía ser imperfecta, pero lo desconocía.
Me comentó que era una apasionada de la botánica y que le agradaría fuésemos a un lugar de gran interés por la variedad de plantas y en donde encontraría dos especies raras, para aplicarlas a un determinado remedio natural. Además podíamos visitar a su apreciado tío que vivía cercano a ese lugar. Sugirió llevara mi coche y en agradecimiento me invitaba a comer y a cenar, ya que partiríamos al amanecer y volveríamos ya entrada la noche, no deseando pernoctar. Propuso fuese dos sábados más tarde y acepté gustoso. Ella quedó en decirme la ruta y el destino. Iniciamos el viaje con buen día y por carretera bien asfaltada. Luego se fue nublando y me guió por carreteras de tercer orden hasta desviarnos por un camino en donde dejamos el coche para continuar a pie por senderos. Llegamos a un bosque frondoso y se orientó por algunos árboles y piedras con signos marcados en color verde. Me dijo que le esperara en un claro y que ella se adentraría algo más para localizar mejor las plantas, dada la gran estrechez del sendero y el aumento del follaje. Le ví avanzar utilizando un machete que portaba en la mochila, hasta situarse en una pequeña cueva en la que entró. Volvió pronto con una bolsa que contenía plantas y, tal vez, algo más. Estaba contenta y mostró una gran sonrisa al sentarse en el vehículo. Ahora vamos a visitar a mi tío, dijo, señalándome la dirección que debía de tomar. Llegamos en media hora a un gran caserón rodeado de una amplia extensión de terreno y me señaló en donde aparcar. Bajamos del coche y subimos una escalinata hasta situarnos debajo de una campana de bronce con una cuerda colgando. La tocamos y sonó con un tañido seco y lúgubre. Se asomó un sirviente en una ventana de la primera planta. Ella se identificó y bajaron para abrirle la doble puerta de madera noble y tallada. Me indicó fuese a su lado y así lo hice hasta encontrarnos en presencia de un hombre de edad avanzaba, cercano al cual estaban dos grandes y fuertes mastines tumbados, con los ojos abiertos y mirándonos en silencio. Fuí presentado como un buen amigo y ella le hizo entrega de dos paquetes forrados en papel de seda con lazos en cinta azul, al mismo tiempo que le decía tener las plantas que curarían su enfermedad y dolencias. Le comentó que podía prepararlas para su ingestión al tiempo de la merienda. No deseando esperar más tiempo, su tío hizo que el sirviente trajera un té con dulces y pastas y pidió aceite y algún otro elemento para que las plantas fuesen preparadas de inmediato por ella, para poder iniciar la cura de sus padecimientos. Así se hizo. Mantuvimos los tres una agradable conversación intranscendente de una media hora. Se mostró agradecido al despedirnos. Nosotros retornamos al núcleo urbano para comer y hablar de nuestros temas. El resto del día resultó agradable hasta que regresamos. Habíamos comprado cuatro decimos de lotería en un muy conocido despacho y los guardamos en su bolso para comprobarlo como siempre hacíamos. Llegó el domingo. Eran las 12 y pedí una primera consumición. Pasó el tiempo y ella no apareció. Me fuí a las 15 horas. Pensé volver al domingo siguiente, pero decidí no hacerlo días después, ya que me acerqué hasta el caserón en que visitamos a su tío. Pude leer su esquela en los postes cercanos, pues había fallecido un día después de estar con él. Se hacía referencia a un solo familiar, que era mujer. En el pueblo cercano me indicaron que tenía una sobrina como heredera universal. Decidí ir al despacho de lotería para comprar un décimo y ¡oh!, sorpresa, había repartido el premio gordo y estaban identificados los agraciados a excepción de cuatro décimos, entre los que se hallaba la fracción con premio especial. Al parecer dieron orden de su cobro desde un banco de Brasil.

Decidí olvidar y celebrar que me encontraba vivo. Intentaré aprender para el futuro. No sé sí lo conseguiré.

Nº 5 Mesa para dos

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Como cada ocho de abril, acudió puntual, vestido con su traje, impecable, recién afeitado y oliendo a “Varón Dandy”. Le acomodó en su mesa habitual, en una esquina junto a la ventana, y sirvió las dos copas de champán, detalle de la casa. Como cada año, encargó Vichyssoise y Lenguado Merniere para dos, así como una botella de Verdejo. Tal como había hecho los últimos cuatro años, sirvió la cena en dos platos y, cuando él terminaba el suyo, recogía el otro intacto. Desde que se hizo cargo del restaurante, veintidós años atrás, les había atendido, gustoso, el día de su aniversario. Por eso entendía a la perfección que él no pudiese faltar a su cita.

 

Los actores Gines Garcia y Alberto Jiménez conversaran con Jabier Calle esta semana en LaVisita Tv

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Este sabado a las 20h y el domingo a las 15h. en TeleBilbao, JabierCalle entrevista a los actores Gines Garcia que recientemente ha interpretado a Adolfo Suarez en la miniserie de Televisión. El que hiciera de padres de “El Bola” Alberto Jiménez nos hablara de su trayectoria teatral y artistica.
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El Titanic con Josu Hormaetxe y Jabi SUBVERSION X visita LaVisita

El programa de Televisión que Jabier Calle presenta todos los sábados a las 20h y los domingos a las 15h en TeleBilbao recibe esta semana, a Josu Hormaetxea, que presentara su ultimo libro sobre las andazas de un curioso pasajero del TITANIC.
Abrirá el programa una dura entrevista con Jabi Subversión que nos hablara del libro que acaban de publicar basado en su vida y su último disco ANIMAL INSATISFECHO.
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